El Grabado

Grabar es una técnica de impresión que consiste en reproducir una imagen, trazada con instrumentos punzantes o vaciados o mediante emulsiones químicas sobre un soporte llamado “matriz”, de tal manera que, entintándola posteriormente, el dibujo original se transfiere mediante presión a otra superficie. Ya en griego encontramos el vocablo graphein (grabar) aplicado a técnicas primitivas como la xilographia (incisiones sobre madera) o la litografía (talla sobre piedra, sin concepto de reproducción múltiple), pero el uso del término “grabar” aplicado a un oficio es de etimología alemana y proviene de graben, que significa “cavar”. Se adaptó al castellano a partir del término francés graver. El uso de soportes diversos para la matriz da nombre a los tipos y clasificación del grabado. La matriz que recibe el dibujo original suele ser de metal, generalmente de cobre aunque también se usan materiales como la madera, la piedra o el caucho o goma, natural o acrílico. El dibujo se realiza por medio de líneas en la superficie de la plancha, con herramientas cortantes llamadas gubias o buriles, según la materia de la matriz. El término grabado se aplica por igual a la técnica y al resultado. Si se trata de una hoja suelta recibe el nombre de estampa, mientras que cuando forma parte de una obra bibliográfica acompañando a un texto nos referimos a él como ilustración. A su vez puede ser obra original, cuando se trata de un diseño del artista que compone el dibujo sobre la plancha, o reproducción cuando se limita a reproducir o a copiar obras de otros artistas. Aunque la dificultad que conlleva la calidad en la reproducción hace que el grabador o su taller sean considerados artistas, e incluso creen escuela con su tradición gremial o innovación técnica.

Técnicas de grabado

Xilografía

Se emplea como matriz una superficie de madera. Su obtención del árbol se puede hacer o con un corte en el sentido longitudinal del tronco, que sigue la dirección de las fibras del tallo, o perpendicularmente a las fibras; clasificándose así en “xilografía a fibra” o “xilografía a contra-fibra”. El dibujo se realiza tallando con gubia la matriz de madera, rebajando la superficie y obteniendo huecos que en la estampa corresponderán a la ausencia de color o blanco. Terminado el diseño se entinta la matriz con un rodillo, repartiendo la tinta por toda la superficie, excepto en los huecos. La imagen se imprimirá en el papel por medio de una prensa o tórculo.

Calcografía o grabado sobre metal

Calcografía se deriva del término griego chalcos (cobre o bronce), pero esta técnica se conoce también con otros nombres:

Al buril

El dibujo se realiza sobre la matriz de metal utilizando un buril, herramienta con un mango en cuyo extremo se imposta una pieza alargada de metal con forma de cilindro, que tiene dos caras en arista y afiladas en bisel. El buril recuerda a un arado y la persona que graba lo utiliza de modo parecido haciendo surcos sobre la plancha. A mayor presión, la incisión es más profunda, por lo que se alojará en ella mayor cantidad de tinta. La tinta debe ser espesa y se debe unificar su penetración en los surcos, limpiando lo sobrante para apoyar la hoja de impresión húmeda, con una tela de lana o fieltro de su dimensión (mantilla) apoyada sobre ella, para que pase entre los dos rodillos del tórculo y bajo la fuerte presión deje la tinta, concentrada en las incisiones, sobre el soporte de papel u otro material.

Punta seca

La imagen sobre la matriz se realiza con un punzón fino y afilado, la “punta seca”, que es como un lápiz y se usa arañando la plancha con mas o menos fuerza, según la intensidad de línea que se desea obtener. Cuando se hiere la plancha de metal, ésta se abre levantando una milimétrica rebaba a ambos lados de la incisión, en donde se detendrá la tinta. Esta técnica es muy delicada y la plancha ha de ser tratada cuidadosamente en el entintado y la limpieza, debido a la fragilidad de la rebaba. No suele haber ediciones numerosas de estampas de los originales por ese motivo.

Aguafuerte

Durante el proceso la plancha matriz se cubre con un barniz compuesto de betún de Judea y cera de abeja, que se deja secar. Después se levanta con una espátula, punzón o utensilio capaz de rascar el barniz, siguiendo el dibujo deseado y dejando el metal de la plancha al descubierto. Se introduce la plancha en una solución de agua y ácido (ácido nítrico) que al corroer el metal en las zonas donde se ha retirado el barniz agujereará la superficie (morder la plancha), más o menos profundamente según el tiempo que se deje actuar el ácido. La reproducción posterior se realiza igual que en las anteriores técnicas.

Variaciones del aguafuerte:

Barniz blando

Consiste en usar un barniz que mantiene una textura pegajosa y que se cubre con un papel muy fino sobre el que se dibuja apretando con un lápiz de grafito. El papel de seda se queda pegado al barniz en las zonas donde se ha dibujado, luego se retira el papel y con éste el barniz de las zonas donde se ha dibujado y que está pegado y dejando la plancha sin protección. Se introduce la plancha en el ácido al igual que en el aguafuerte. El resultado tiene efectos de la textura de lápiz.

Aguatinta o aquatinta

Técnica empleada en combinación con otras para conseguir tonos planos y texturas diversas como el punteado, al lápiz, la manera nera (negra), mezzotinto o al humo. Todo el proceso es como el del aguafuerte. La plancha se protege espolvoreando su superficie con polvo muy fino de resina de colofonia. Se calienta la plancha hasta que el polvo se cristaliza y se adhiere a la superficie de la matriz y se introduce en la solución de ácido, que excava alrededor de los granos de resina. Según el grosor de la capa de polvos o granulado, o las concentraciones de ácido y tiempos de exposición al mismo, la cantidad de tinta será diversa, consiguiendo efectos diferentes en el grabado.

Tinta china con azúcar

Es una variación del aguatinta y constituye un artificio para poder dibujar sobre la plancha utilizando tonos planos y para resolver la dificultad de tener que dibujar sobre la plancha ya preparada para el agua tinta. Se cubre la matriz de metal con resina de colofonia y se realiza el dibujo con una solución de tinta china con azúcar, dibujando con un pincel. Se deja secar y se cubre la plancha con barniz y cuando todo está seco se introduce en agua. Se diluye en esta la tinta y el azúcar quedando al aire la plancha y la resina en las zonas que habíamos dibujado. Se introduce la plancha en el ácido, que actuará en las zonas donde se había aplicado la tinta china con azúcar y que ahora estarán desprotegidas.

Mezzo-tinta

La técnica viene de Italia: “Mezzo-tinta” o “grabado a la manera nera”. La plancha se prepara con una herramienta llamada verso y se sacan los blancos sobre el negro utilizando el bruñidor. Hay que conseguir un tono oscuro uniforme en la plancha, y se va matizando hasta conseguir el blanco, con un proceso de bruñido de la superficie. Si se consigue el negro, utilizando sucesivamente la técnica del aguatinta sobre la plancha, hasta el tono negro deseado, se llama “Falsa Manera Negra”.

Litografía

Del término griego “litos”, piedra. Es una técnica re-inventada en 1796 por un escritor bávaro, Aloys Senefelder. Puesto que el uso de la piedra (o arcilla) como elemento de soporte y receptor de impresión es muy primitivo. En esta técnica la matriz es una piedra caliza, de grano fino, que no es tallada sino que, por la propiedad de cierto tipo de caliza para reaccionar químicamente ante la presencia de las grasas, el dibujo se realiza con un lápiz graso, que recibe el nombre de “lápiz litográfico”, sobre la superficie pétrea y una vez terminado se procesa la piedra con una solución de ácido y goma arábiga, consiguiendo que el dibujo quede fijado y estable. Posteriormente se trabaja como es habitual en la impresión.

Serigrafia

La serigrafía es una técnica de impresión sobre cualquier material, que consiste en transferir tinta a través de una gasa tensada en un marco (anteriormente de seda y de ahí el nombre) a un soporte; el paso de la tinta se bloquea mediante una emulsión de cera o barniz en las áreas donde no se desea que haya imagen, quedando libre la zona donde pasará la tinta, aplicándola con un rodillo de caucho y presión moderada.

Huecograbado

El huecograbado (rotograbado) es una técnica en la que las imágenes son impresas en el papel a partir de una superficie con depresiones que contienen tinta, a diferencia de las impresiones que se realizan a partir de una superficie plana cuyas líneas entintadas están en relieve. Es uno de los sistema de impresión más usados actualmente. Usado comercialmente para la impresión de embalaje flexible como bolsas y envoltorios, y para la edición de libros y revistas de gran tirada. Similar a una forma en bajorrelieve.

Historia del grabado

Las primeras manifestaciones de grabado como técnica independiente fueron originarias de China, debido a la invención del papel que tuvo lugar hacia el año 105, usando como superficie matriz del dibujo la piedra, anterior a cualquier forma de grabado xilográfico. El grabado como tal llegó a Europa ya casi en el siglo XV, simultáneamente a las técnicas de fabricación de papel, por medio de los viajes de los comerciantes venecianos y genoveses a Oriente. Desde entonces el grabado, usado y estudiado como medio de expresión autónomo, a través de distintas técnicas, desde las primitivas a las sofisticadas informáticas actuales, se practica y considera como una de las Bellas Artes. La Europa medieval conoció los primeros grabados tallados en tacos de madera, que eran aplicados a la estampación de telas, como la famosa “madera Protat” descubierta en 1990. Datan del siglo XIV-XV, coincidiendo con el uso generalizado del papel en varias zonas de Alemania, Francia e Italia. Ejemplares de los primeros grabados con temas góticos, religiosos, apenas alguno profano, son muy raros de encontrar por su fragilidad. Los denominaron “xilografías” y la composición era esquemática, sin sombras ni perspectiva. Las primeras estampas profanas realizadas fueron los naipes, se vendían baratas y en gran cantidad. La mayor parte de la vida se centraba alrededor de la Iglesia, que utilizaba estampas con fines didácticos y con un pequeño texto en la parte posterior, distribuyéndolas entre los fieles. Las mejores fueron las conocidas como impresiones tabelarias o incunables xilográficos. Con la fabricación de papel de buena calidad y más barato, mejoró la estampación y se publicaron tantos libros con ilustraciones que el grabado quedó casi reducido a una técnica de ilustración. El primer libro ilustrado es la edelstein, (piedra preciosa), de 1461, impresa en Bamberg por Pfister. Se atribuye a Maso Finiguerra, platero de Florencia, que experimentaba con planchas de metal y tintas, la invención del grabado calcográfico o sobre plancha metálica. Se conserva la “Coronación de la Virgen” de 1452 y “San Bernardino” de 1453.

En el Renacimiento apareció Alberto Durero, artista del norte de Europa, que llegó a ser el primer maestro gráfico y cuyas obras son muy numerosas y de técnicas variadas y experimentales. En Holanda, el grabador Lucas van Leyden (sobre el que ejerció gran influencia Durero) trabajó al estilo clásico de sus contemporáneos italianos, representando paisajes holandeses y escenas de interior con mano diestra y gran sensibilidad. Los grandes genios de la Italia del Renacimiento hacen surgir talleres de grabadores, acordes con el tipo de texto donde el grabado iba incorporado, como ilustración, bien xilografías o cobres, como la serie los Planetas en el taller de Boticelli; o el de Pollaiuolo, orfebre y pintor muy hábil técnicamente, y destacando el de Mantenga, pintor original cuya influencia perduró todo el s. XVI. Por entonces la importancia del grabado en Francia y en España era menor, limitándose a estampas (los Arfes, y las de Fr. Fco. Doménech) y naipes de la casa de la moneda, en España; y los grabados en cobre de J. Duvet, o las xilografías de Tory y la escuela de Lyon, en Francia. Por tanto, hacia mediados del siglo XVI los grabados habían alcanzado gran popularidad y se utilizaban para todas las formas de ilustración, incluyendo los estudios cartográficos, topográficos y los retratos. Son famosos los Cranach (Viejo y Joven), Pilgrim, los Hopfer y todo el grupo llamado “pequeños maestros” de los Países Bajos y las grandes escuelas italianas de Venecia, Milán, Florencia, Parma... etc, así como el taller de Ticiano con sus innovaciones para solucionar las pruebas xilográficas. Para los grabadores, artistas barrocos del siglo XVII, es el período de la culminación de la calcografía: el buril y el aguafuerte. Una imagen podía ser más expresiva que la simple realidad; la subjetividad del autor impactaba emocionalmente y era un medio rápido y múltiple de dar a conocer sus obras. Se otorgaba mucha importancia a los gestos, llegando a exagerarlos hasta lo grotesco. Las escuelas de Alemania e Italia perdieron su preponderancia y por el contrario cobraron auge las de los Países Bajos. El taller del flamenco Petrus Paulus Rubens, en Amberes, fue de enorme actividad, produciendose grabados inspirados en los dibujos del maestro. El mejor discípulo de Rubens, Anthony van Dyck, con sus aguafuertes, se estableció en Inglaterra en 1632 y trabajó como pintor de corte para Carlos I. Pero sin duda hay que destacar como maestro grabador, tras la muerte de Rubens y Van Dick, al pintor Rembrandt, que en colaboración con Lievens lleva el arte del grabado a su apogeo. En Francia, Jacques Callot, natural de la provincia de Lorena, desarrolló el aguafuerte como técnica artística y de representación ilustrativa; los reyes españoles y franceses le encargaron varias veces que documentara los acontecimientos históricos. En Italia destacan Guido Reni en Bolonia y la Escuela de Caravaggio, con el Guercino. Mientras en España, que se había decantado por la manifestación del grabado como ilustración de libros, se diferencian dos escuelas: la formada por grabadores extranjeros afincados en el país como séquito del emperador; y los grabadores españoles como Villafranca, Herrera, Obregón... etc. o las obras de pintores famosos como Ribalta, Murillo, Valdés Leal, C. Coello y sobre todo, Ribera.

Un dato de interés es la colección de láminas anatomía artística de C. Martínez, editada en Valencia en 1680, o el Curso de Pintura de J. García Hidalgo. Durante los dos últimos siglos, la xilografía, –el arte de grabar en madera– había pasado por un período de ignorancia técnica, debido a las mejoras del grabado sobre metal; pero en el siglo XVIII, gracias a los avances técnicos, resurgió con fuerza. Las obras de Fragonard y Wateau, pintores pastoriles, fueron repetidas por todas las escuelas. Las ilustraciones de Gustavo Doré, pintor y grabador francés, representan una de las épocas de mayor esplendor del grabado en madera. Es en este período cuando se introduce el color en el grabado. En Italia los grabados de G. B. Piranesi, veneciano, y su hijo Francesco, con las famosas Veduttas, (vistas de la ciudad de Roma) y las casi surrealistas Prisiones alcanzaron mucha fama. Arquitecto y Grabador, supo conjugar sus conocimientos en ambas materias y así realizar algunas de las más hermosas vistas de la arquitectura romana, grabó varios miles de estampas de gran tamaño representadas con espectaculares detalles arquitectónicos. También destacaron Tiépolo y Canaletto, que con sus grabados consigue evocar la Venecia de entonces. Alemania se decantó por la ilustración de las grandes obras literarias: el Quijote, Werther, orlando, la divina Comedia o los pseudo-catálogos de obras de arte, como las famosas Le Peintre graveur de Von Bratsch. Inglaterra no había tenido una escuela de grabado propia en los siglos anteriores; sin embargo, bajo la creatividad del pintor Reynolds, se empezó una técnica nueva de grabado, “al humo”, que alcanzó rápida difusión; en cuanto a los conceptos, el tono satírico y burlesco de los Hogarth creó una escuela propia inglesa más costumbrista y mas crítica, que marcó el estilo nacional inglés, y a la que pertenecen artistas como Lawrence, Baron, o Bewick entre otros. La impresión de grabados en España, tras el decaimiento provocado por el cambio de dinastía, experimentaría un gran impulso con la creación de la Real Calcografía en 1789 bajo la tutela y amparo de la Imprenta Real. Su función sería la de centralizar todos los encargos de grabado que se realizaban en las distintas secretarías. La colección de láminas que formó desde su creación hasta principios del siglo XIX es extensísima y abarca series tan destacadas como los Retratos de los Españoles Ilustres, de la cual tenemos una muestra en la Fundación, las Vistas de los puertos de mar de España, las Vistas del Real Monasterio del Escorial y colecciones de obras científicas, como la de Cavanilles, que analizaremos más adelante.

Gracias a esta iniciativa se fue viendo la importancia y la necesidad de que el grabado español se incorporara al nivel alcanzado por los países europeos en siglos anteriores, y así consta en uno de los catálogos de la Calcografía Real: “así, calladamente, se fue agrupando el grabado en españa, país que descuidó la conservación de tantos testimonios de su pasado, como si quisiera borrarlo”.1 Hay que agradecer estas colecciones a grabadores de primera fila como Manuel Salvador Carmona, Tomás López Enguídanos, José Vázquez, Luís Fernández Noseret y tantos otros que dejaron su huella en esta institución. Las principales escuelas fueron las de Madrid y Valencia. En Madrid estuvo al frente como director y maestro en la Academia de Bellas Artes, J. B. Palomino, renovador de las técnicas tradicionales, junto con los expertos franceses llegados con los Borbones. Uno de sus discípulos fue M. S. Carmona, considerado el mejor grabador de su época y que introdujo en España el cuidado estilo francés El siglo XIX destaca por la invención técnica y la amplia temática en los grabados; interesante testimonio de la sociedad de su tiempo por la diversidad de temas que recogen. Es Francisco de Goya quien aglutina toda la importancia del arte del grabado como creación propia y singular durante este siglo. Utilizó el aguatinta junto al aguafuerte (incluso la técnica “al humo”) para resaltar el dramatismo de sus composiciones, quedando patente en la serie los caprichos, disparates o Proverbios, junto a otras estampas de costumbres y religiosas. Durante la guerra de la Independencia contra la ocupación francesa de España (1808-1814), Goya creó su segunda serie de grabados, los desastres de la guerra (1810), con aterradoras escenas del sufrimiento de las gentes. Otra de las series más famosas es la Tauromaquia y, posteriormente, las litografías sobre el mismo tema editadas en Burdeos, como novedad técnica recuperada. La litografía fue un medio más barato de reproducir diseños en gran número como láminas o estampas, en periódicos o en ilustraciones bibliográficas, alternando con la xilografía; en Francia la introduce CH. Thompson, discípulo de Bewick, reflejando en las estampas impresas las primeras críticas sociales. El francés Honoré Daumier, dotado para la sátira social y política, fue la voz de la burguesía naciente que denunciaba el gobierno corrupto de Francia. Los periódicos le Charivari, difundieron sus dibujos mordaces de personajes públicos, (gobierno, abogados, aristocracia) como ya había iniciado Goya en sus retratos reales. Todas las técnicas se experimentaban y mezclaban en un alarde de conseguir nuevos efectos. Pero es el aguafuerte el empleado por los pintores destacados de la época: Ingres, Delacroix, Corot, Renoir, Odile Redon... difundiendo sus obras en las diferentes publicaciones periódicas como la gazette des beaux arts, le Magasin Pittoresque, o le Monde Illustré. En la colección Giménez Lorente hay varios tomos de la publicación la ilustración Ibérica y la ilustración española y americana (1857-1921), cuya mayor belleza son las láminas xilográficas y calcográficas que ilustran los textos. La litografía no solo sirvió como medio artístico. El primer establecimiento (1819) dedicado exclusivamente a mejorar esta técnica depurando sus resultados fue fundado por la Dirección de Hidrografía, cuyo director, J. M. Cardano, estaba especializado en la reproducción de mapas; y en 1822 se creó el taller de mapas que dependía del Depósito de la Guerra. En 1826 el rey Fernando VII fundó el Real Establecimiento Litográfico dirigido por Madrazo, publicando con marcado carácter romántico las bellezas paisajísticas de España, sus pueblos y obras de arte, con dibujos originales de artistas tanto nacionales como extranjeros. La mas completas son recuerdos y bellezas de españa del litógrafo Parcerisa, la obra españa artística y monumental sobre dibujos de Pérez Villamil, y la Iconografía española de Carderera. El artista grabador valenciano Esteve y Vilella destacó en el grabado calcográfico o al buril y con esta misma técnica, años después, Fortuny, en sus famosas obras de reminiscencia árabe. Desde mitad hasta final de siglo XIX el arte oriental, en especial el japonés, ejerció gran influencia sobre los artistas europeos. Se cuenta que Félix Braquemond, artista parisino, recibió porcelana de Japón envuelta en estampas de Hokusai. Sus amigos impresionistas quedaron gratamente sorprendidos por su composición y la delicadeza del color. Edgar Degas, en sus litografías de mujeres bañándose, trabaja con este estilo japonés. El más original fue Henri de Toulouse-Lautrec, que inspirado en el cromatismo de las estampas así como en sus imágenes fluidas, reflejo en los Carteles la quinta esencia de la captación del encanto y de la elegancia en cualquier ambiente. Comenzó así a tener importancia un nuevo y poderoso medio publicitario, el cartel. Es imprescindible mencionar en este contexto la figura del artista checo Alphonse Hucha que se convirtió en uno de los máximos exponentes del movimiento Art Noveau, con sus carteles de línea sensual y gran decorativismo. También hay que destacar los movimientos simplistas de la tendencia cómica inglesa, con sus líneas que parecen a pincel y sus tonos planos, pueden considerarse los antecesores del “comic”. En el siglo XX, las guerras mundiales e internas dividieron la creación artística en períodos muy diferenciados, conceptual y técnicamente. El fauvismo, el cubismo y el expresionismo que evolucionaron hacia al surrealismo, neorrealismo, expresionismo abstracto, Op Art y Pop Art, entre otros numerosos estilos y escuelas artísticas, han configurado la historia del arte de este siglo. Predomina la creación propia y original del autor sobre la mera reproducción; las obras resultan insólitas, creativas, originales y asombra la rapidez con que se desarrollan y evolucionan. A partir de 1950 el grabado se convirtió en uno de los principales medios de expresión para los artistas de vanguardia. Muchos de los más famosos artistas de esta época, desde Picasso, Chagall o Rouault, trabajaron en la edición de obras famosas literarias realizando ilustraciones originales de gran novedad: obras maestras clásicas, libros de viajes, exploraciones, catalogaciones anatómicas y de Historia Natural. Desde hace un tiempo, la reproducción facsímil de alta calidad ha hecho llegar al público las joyas miniadas o los más exquisitos mapas de todos los tiempos. La estampación serigráfica industrial abarca todos los campos y los más sofisticados medios informáticos de reproducción, actualizando el ancestral arte de la impresión.

Series de la Real Calcografía

Serie de los Españoles Ilustres

Son varios los grabados que se conservan en los fondos de la Fundación que pertenecen a esta institución histórica. El proyecto más importante acometido por la Calcografía fue la publicación de la serie de retratos de los españoles Ilustres, proyectada por la secretaría de estado en 1788, bajo la dirección de Floridablanca y continuada por Aranda y Godoy. Sin embargo, fue el ilustre grabador Manuel Salvador Carmona, director de grabado de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, el encargado de buscar el prestigioso grupo de artistas que llevarían a cabo tal obra. Se grabaron hasta el año 1814 un total de 114 retratos, a los que se suman cinco más que se hicieron entre 1882 y 1889 en un intento de continuar la colección. El objetivo de esta serie era dejar constancia de la existencia, en la historia española, de magníficos literatos, pensadores, filósofos, humanistas, legisladores, etc. que habían contribuido con sus escritos y estudios a la cultura europea: tal y como específicamente se señalaba, la obra daba a conocer en el extranjero “a los grandes hombres que en todo tiempo han precedido” y contribuía “también a dar fomento a los grabadores por los retratos que les encargan, perfeccionándose cada día más esta noble arte”. Con esto quedaba patente la importancia del oficio de grabador en España que, definitivamente, se igualaba al resto de países europeos. La serie se publicó periódicamente formando cuadernos que comprendían seis retratos, cada uno de ellos acompañado de una hoja con la biografía del personaje. Autores de las pinturas fueron los dibujantes Asensio Juliá, Antonio Guerrero, José Maea y los grabadores Rafael Esteve, Tomás López Enguídanos, Luís Fernández Noseret, José Vázquez y Vicente Mariani. Especialmente destacados fueron Tomás L. Enguídanos y Vicente Mariani, ya que ambos ocuparon el cargo de grabador de cámara en 1804 y 1807 respectivamente.

Serie de la botánica de cavanilles (1791- 1801)

Gracias a la colaboración entre la Imprenta Real y la Calcografía, muy interesada en difundir los principales estudios científicos, surgen una serie de colecciones en las que se pone de manifiesto un especial cuidado en la reproducción de las imágenes debido a su carácter didáctico. Tal será el caso de la magna obra Icones et descriptiones plantarum, quae aut sponte in Hispania crescunt, aut in hortis hospitantur, del botánico José Cavanilles. Antonio José Cavanilles y Palop, botánico y naturalista español, nació en Valencia el 16 de enero de 1745 y murió en Madrid el 5 de mayo de 1804, siendo una de las figuras intelectuales más importantes de su tiempo. Estudió en la Universidad de Valencia, donde obtuvo los títulos de maestro en Filosofía (1762) y de doctor en Teología (1766) y se ordenó sacerdote en Oviedo en 1772. Dedicado a la enseñanza, marchó a París en 1777 como preceptor de los hijos del Duque del Infantado, donde entraría en contacto con la botánica bajo la tutela de André Thouin y Antoine Laurent de Jussieu. Ahí se verá inmerso en el mundo del enciclopedismo y de la ilustración, convirtiéndose en una de las figuras más destacadas de esta corriente intelectual. Fue, además, el principal precursor de las teorías modernas sobre el correcto aprovechamiento de los recursos naturales. Su fascinación por el mundo de la botánica le llevó a convertirse en uno de esos viajeros dieciochescos que recorrían países enteros con afán de recavar datos para hacer publicaciones científicas. Es esta una época en la que proliferan los escritos e ilustraciones de viajes científicos, artísticos o simplemente narrativos; entre todos esos testimonios los escritos de Cavanilles destacan por su gran rigor científico y técnico. Por encargo de Carlos IV comenzó a recorrer España estudiando y clasificando la flora autóctona y, en el curso de tales investigaciones, descubrió nuevas especies y elaboró un tratado en seis volúmenes: Icones et descriptiones plantarum quae aut sponte in Hispaniae crescunt, aut in hortis hospitantur (1791-1804); Como buen valenciano, en la primavera de 1791 comenzó el trabajo en su tierra natal. La campaña duró hasta septiembre de 1793. Fueron veinte meses de un trabajo amplio, exhaustivo y, en ocasiones, arduo. Cavanilles no estudiaba únicamente las especies vegetales, sino también la geografía, los problemas de agua, de epidemias, entrevistaba a los lugareños, tomaba dibujos y anotaciones, etc.

Era tal su ansia de documentarse bien que él mismo explica esta necesidad: “Creí que podían ser más útiles mis viajes si a las observaciones botánicas añadía ahora sobre el reyno mineral, la geografía y la agricultura; puesto que apenas teníamos cosa alguna sobre la posición y naturaleza de los montes, la geografía estaba muy inexacta por punto general, y se ignoraba la verdadera población y frutos de las provincias, como también las mejoras que en todas ellas podía recibir la agricultura, fuente inagotable de abundancia y felicidad. Por eso al paso que procuraba desempeñar mi comisión, iba siempre juntando observaciones y noticias útiles para la historia natural, geográfica y políticoeconómica de España”. (Cavanilles, 1795).2 Tantos fueron los datos recavados por el botánico que, a la vuelta a su gabinete de Madrid, vio la necesidad de publicar más de un libro. Es así como surge, en 1793, el segundo tomo de las Icones et descriptiones, las observaciones sobre la Historia Natural, geográfica, agricultura, Población y Frutos del reino de Valencia (1795- 1797), y las observaciones sobre el cultivo del arroz en el reino de Valencia y sus influencias en la salud pública (1796). Estas publicaciones estuvieron acompañadas por ilustraciones que él mismo dibujó y que dio a grabar a artistas como F. M Sellier, Tomás y Vicente López Enguídanos, Miguel Gamborino y Carlos Vargas Machuca. En 1801 fue nombrado director del Real Jardín Botánico de Madrid, cargo que ejercería hasta su muerte, logrando dar importancia internacional a esta institución gracias a sus contactos con científicos del mundo entero. Además, Cavanilles la reorganizó sistematizando los herbarios, las colecciones de plantas vivas, semilleros y biblioteca, y la enriqueció legándole, a su muerte, una importante colección de dibujos originales, manuscritos y biblioteca. Un apartado especial merecen los grabados que realizó Tomás López Enguídanos siguiendo los dibujos y anotaciones hechas por Cavanilles durante sus viajes por el Reino de Valencia. Son una serie de grabados tanto de vistas de la ciudad de Valencia como de poblaciones cercanas, siempre con un marcado interés por ser fiel a la realidad del entorno que las rodea. No se ahorra esfuerzo en los detalles de situación topográfica, tal y como vemos en las siguientes ilustraciones de la Villa de Morella, de Montroy, Real y Monserrat. Tomás López Enguídanos fue un ilustre grabador valenciano que se formó en la Academia de San Carlos de Valencia y en la de San Fernando de Madrid, obteniendo diversos premios en 1781 y 1784. Sin duda sus cargos más importantes fueron el de Grabador de Cámara de la Real Calcografía y el de Académico de San Carlos, ambos recibidos en 1804. Es muy prolífica la obra de este grabador, destacando los retratos que hizo a Manuel Godoy y a Fernando VII. Así mismo colaboró en multitud de publicaciones importantes como las vistas de los puertos de españa, o los cuatro libros de arquitectura de andrea Palladio. Sus hermanos, José y Vicente, también fueron pintores y grabadores. Tomás falleció en Madrid en 1812 ( aprox), habiéndose convertido en una gran figura del arte de grabar.

Giovanni Battista Piranesi

En los fondos de la Fundación se conserva una pequeña muestra de una gran obra. Me refiero a los dos aguafuertes, realizados a partir de planchas originales, pertenecientes a uno de los más destacados grabadores de la historia del arte, Giovanni Battista Piranesi; arquitecto, arqueólogo, teórico, diseñador de interiores y uno de los mayores exponentes del grabado europeo de todos los tiempos. Hijo de un constructor, nació en Mogliano di Mestre, cerca de Venecia, en 1720 y falleció en Roma en 1778. En su juventud frecuentó los círculos intelectuales de Venecia, donde se trataban cuestiones teóricas relacionadas con la arquitectura y los cánones clásicos, y allí empezó a interesarse por la arqueología, la arquitectura y, en general, por la historia del arte. Se trasladó a Roma en 1740, cuando contaba veinte años de edad, siguiendo al séquito del nuevo embajador veneciano ante el Papa. Se formó como grabador en el taller de Giusepe Vasi, un renombrado vedutista. Es evidente su fascinación por la “ciudad eterna” desde su llegada, donde conocerá de primera mano las grandes obras clásicas del Renacimiento que tanto habían fascinado a generaciones anteriores y a la suya propia. Pero Piranesi no se detuvo ahí, sino que investigó directamente las fuentes de la antigüedad romana, esas impresionantes ruinas que guardan el verdadero sentido de la belleza clásica. Y es esta admiración por los restos perdidos de un pasado grandioso la que le hará imprescindible en la génesis del neoclasicismo. Piranesi se especializó en la Vedutta, realizando más de 2000 grabados de edificios, estatuas y ornamentos. Se entiende por vedutta la representación del aspecto urbano de la vida cotidiana, aquello que los habitantes de una ciudad ven con frecuencia pero que quizá no admiran como debieran. Piranesi captó en sus grabados toda la grandiosidad de los monumentos y ruinas de una ciudad que le había ganado para siempre. Es él mismo quien afirmó en una declaración poética, a los tres años de su llegada a Roma, lo que consideraba el fundamento de su vida artística: “Sobre las grandiosas ruinas romanas… no siendo de esperar que un arquitecto de nuestro tiempo pueda ejecutar algunas de ellas… no veo que me queda, a mí o a cualquier otro arquitecto contemporáneo, más que presentar con dibujos mis propias ideas… Con este fin ha procurado, durante mi estancia en esta gran metrópoli, unir los conocimientos adquiridos de arquitectura, cualesquiera que hayan sido, con el arte de no sólo dibujar mis invenciones, sino de dejarlas grabadas en cobre…”.

En los grabados se incluían imágenes fidedignas y exactas de las ruinas existentes, al igual que reproducciones imaginarias de antiguos edificios en las que la alteración de la escala y la yuxtaposición de elementos contribuyeron a realzar el carácter de grandiosidad de los mismos. De 1743 data la primera obra de Piranesi, Prima Parte di architettura e prospettiva, una recreación de supuestos ambientes de la antigüedad romana. También hay que destacar una de las más renombradas colecciones de grabados de Piranesi, Carceri d’Invenzione (1745), en donde transformó las ruinas romanas en fantásticos y desmesurados calabozos dominados por enormes y oscuros pasadizos, lo que da idea de ese aire de teatralidad propio de la visión romántica del artista. Estos grabados ejercieron una enorme influencia en el romanticismo del siglo XIX, jugando también un destacado papel en el desarrollo, ya en el siglo XX, del surrealismo. La serie de Vedutte di roma, 135 estampas, se alargó cerca de 30 años, hasta la muerte de Piranesi. Se trata de un excepcional testimonio de los monumentos que son, por sí mismos, pilares sólidos de la iconografía de la ciudad de Roma. Asombra la repercusión y divulgación que tuvieron sus estampas teniendo en cuenta que las primeras eran de pequeño formato para guías de turistas. Con la divulgación de las vistas de Roma, Piranesi vio afianzar su fama transformando la convencional veduta en sugerentes imágenes de gran poder expresivo. En estos grabados que saben valerse de los más expresivos medios de que puede disponer el arte del aguafuerte, Piranesi nos habla de la Roma imperial de forma poética. No son sólo unos magníficos testimonios de arqueología: son una evocación de un pasado que recupera toda su grandeza con una fuerza expresiva que nadie, hasta este momento, había sabido transmitir. En una carta a su hermana, fechada el 27 de marzo de 1778, poco antes de morir, Piranesi hace un balance de su vida y rinde un particular homenaje a la Ciudad de Roma, “en la que he encontrado inspiración y la fortuna y de la que me considero hijo”.

José Ribelles y Helip

Nos ocupamos ahora de una serie de grabados que siguen la tradición de estampas de trajes comenzada por Juan de la Cruz Cano en 1777. Es en 1825 cuando la Calcografía Real publica esta nueva Colección de Trajes de España, dibujada por José Ribelles Helip y grabada por Juan Carrafa. José Ribelles es una de las personalidades más interesantes de la pintura valenciana del primer tercio del siglo XIX. Hijo de José Ribelles, pintor vinculado a la estética neoclásica, y de Josefa María Helip, nació en Valencia el 20 de mayo de 1778. Tras aprender con su padre los fundamentos de la pintura, se matriculó como alumno de la Academia de San Carlos de Valencia, donde ganaría el premio de primera clase en el concurso de 1798. Se trasladó a Madrid para proseguir sus estudios en la Academia de San Fernando, obteniendo el segundo premio de primera clase en el certamen anual de 1799 con el lienzo La continencia de Escipión. Es a partir de entonces cuando Ribelles comienza a ser conocido en los círculos artísticos de la Corte, y allí llega a relacionarse con Goya, con quien parece que le unió una buena amistad. El 19 de noviembre de 1818 fue nombrado académico de San Fernando y poco después, en febrero de 1819, se le concedió el título de pintor de Cámara gracias, en parte, al apoyo de su antiguo maestro Vicente López. Su trayectoria pictórica fue muy variada, dedicándose tanto a la pintura de retratos como a los paisajes académicos o al diseño de numerosas escenografías teatrales. En 1825 vio la luz la nueva Colección de Trajes de España, que comprendía ciento doce estampas publicadas en cuadernos de ocho estampas cada uno y que representaban los trajes de las distintas provincias de España. Los cuatro que se conservan en la fundación pertenecen a tipos valencianos de diferentes oficios. En el último año de su vida, Ribelles presentó a la exposición de la Academia de San Fernando los cuadros: Don Quijote en el acto de ser armado caballero y El manteamiento de Sancho. Murió en Madrid el 16 de marzo de 1835, a los 57 años.

El grabado en nuestro tiempo: Ernesto Furió

Entre las colecciones de grabado que posee la Fundación hay que destacar la de Valencia, els seus gravadors i la gran aventura d’ernesto Furió, cuyo texto fue redactado por Manuel Sanchis Guarner. Se trata de una serie de grabados, la mayoría aguafuertes, que representan diferentes monumentos y lugares emblemáticos de la ciudad de Valencia. Valencia. Iglesia de los Santos Juanes Ernesto Furió nació en 1902 en el Cabanyal de Valencia. En 1916 comenzó sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, de la que acabaría siendo profesor en 1934, y al terminar la carrera se trasladó a Madrid para perfeccionar sus estudios de grabado calcográfico en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. No obstante, su inquietud por recibir una buena formación no acabó ahí y en 1930 se trasladó a París, donde estudiaría en profundidad las obras de los más importantes grabadores.

A su regreso de la capital francesa se instaló en su Valencia natal, donde comenzó una intensa y prolífica labor en el género del grabado a buril y talla dulce. Así, en 1934 le fue otorgado el primer premio de Pintura en la Exposición Regional de Valencia. Cuatro años más tarde es destinado a la Junta de Incautación del Tesoro Artístico Nacional, que se había creado para poner a salvo las obras de Arte. En 1942 consiguió la cátedra de Grabado Calcográfico de la Escuela de Bellas Artes de San Carlos. Desde entonces se le conceden innumerables premios y reconocimientos a su labor artística, siendo los más destacados la Primera Medalla, en 1952, de la sección de grabado de la Exposición Nacional de Bellas Artes por La Catedral de Burgos y en 1954 la Medalla de Oro de la Agrupación Española de Artistas grabadores, lo cual le valdría ser pensionado por el Gobierno Español para ampliar estudios en distintas ciudades italianas sobre el grabado de los siglos XV, XVI, XVII y XVIII. En 1978 es nombrado “Coloso de Valencia”, y en 1986 le llegó el nombramiento de Académico de Honor de la Real Academia de San Carlos de Valencia. También son innumerables las exposiciones monográficas que se le dedican, destacando la del Ateneo Marítimo de Valencia en 1990, que reunió más de un centenar de grabados y acuarelas de distintas épocas. En 1993 el Ayuntamiento de Valencia le dedicó un jardín con su nombre en los poblados marítimos de Valencia en reconocimiento a la gran labor que había realizado este artista valenciano en general y, de modo particular, a la hora de difundir las bellezas de su tierra.. Esta serie de grabados tiene un estilo personalísimo a la hora de representar las vistas de los monumentos, creando un ambiente muy marcado de luces y sombras que se arrojan en las fachadas y les aportan un cierto aire de teatralidad. Esto es especialmente claro en las dos representaciones de las torres de Serranos y de Quart, en las que el contraste lumínico entre ellas y el cielo es muy acusado. Así mismo, vemos como Furió prescinde de todo lo anecdótico que pueda perjudicar la vista clara y precisa del monumento. Sus trazos son muy sueltos, con lo que consigue dar ese aire de realidad cercana, de monumento vivo. En muchas de estas estampas llama la atención el punto de vista que el artista ha escogido, se adivina en ello una clara intención de provocar el asombro ante la grandeza de proporciones y la belleza del monumento.

Otras colecciones de la fundación

Grabados facsímiles de Francisco de Goya

Es destacable la admiración de Don Luís Jiménez Lorente por la obra de Goya, dado que en la Fundación se conservan varias ediciones facsímiles de sus principales obras de grabado, así como numerosos libros dedicados a la vida y obra de este artista intemporal. Las obras que posee la Fundación son: los disparates o Proverbios, en una reproducción de 22 láminas de la edición publicada en 1864 por la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando; los Caprichos, en dos tomos de edición facsímil de divulgación dirigida por Antonio de Horna y con permiso de la Biblioteca Nacional de España de Madrid; y, por último, la Tauromaquia, que contiene la reproducción de las treinta y tres láminas de la primera edición del año 1816, de J. Pérez del Hoyo. Las láminas de cobre grabadas al aguafuerte por Francisco de Goya son obras cumbre de la historia universal del grabado, y constituyen el principal referente del desarrollo de la estampa moderna. Sus series gráficas Caprichos, desastres de la guerra, Tauromaquia y disparates, son el punto de inflexión entre el grabado tradicional clásico y el de concepción moderna, más original y creativo. Sus estampas son, además de un alarde en cuanto al dominio de la técnica del grabado cargada de innovaciones, uno de los productos más claros del pensamiento de Goya, que deja ver en ellos su concepción de la figura del artista, que debe expresarse con total libertad y dando rienda suelta a su imaginación. Su actividad como grabador se inició hacia el año 1771, cuando realizó el aguafuerte La huida a Egipto. En 1778 hizo algunos grabados copiando cuadros de Velázquez: Los borrachos, Isabel de Borbón, el Primo, etc. Eran éstas estampas de aprendizaje que también le permitían obtener algún ingreso, ya que eran vendidas en la Gazeta de Madrid. En 1799, el Diario de Madrid anunciaba la venta de la serie Los Caprichos con el siguiente texto que, según se piensa, fue redactado por su amigo Leandro Fernández de Moratín: “Colección de estampas de asuntos caprichosos, inventadas y grabadas al aguafuerte por Don Francisco de Goya.

Persuadido el autor de que la censura de los errores y vicios humanos (aunque parece peculiar de la elocuencia y la poesía) puede también ser objeto de la pintura: ha escogido como asuntos proporcionados para su obra, entre la multitud de extravagancias y desaciertos que son comunes en toda sociedad civil, y entre las preocupaciones y embustes vulgares, autorizados por la costumbre, la ignorancia fue o el interés, aquellos que ha creído más aptos a subministrar materia para el ridículo, y exercitar al mismo tiempo la fantasía del artífice”. Goya debió comenzar a realizar la siguiente serie de grabados, llamada Los desastres de la guerra, en 1810. Es clara la temática que refleja esta serie centrada en el estallido de la guerra de la Independencia en 1808. Es sabido que Goya estuvo ese mismo año en Zaragoza junto al general Palafox, y que allí inmortalizó en imágenes los enfrentamientos de los zaragozanos con los franceses. Las estampas, de las que se realizó una primera tirada a partir de 1863, constituyen una cruda reflexión sobre el horror, la crueldad y la muerte. Una vez más Goya parte de una realidad, pero es su forma personalísima de mostrarla la que lo hace único. La evolución de la técnica del grabado en Goya es constante y permanente hasta alcanzar la perfecta combinación de todas las técnicas y útiles: aguafuerte, aguatinta, aguada, punta seca, escoplo, bruñidor, rascador ... que se van incorporando a la práctica artística con el objetivo de obtener verdaderas calidades pictóricas.

El 28 de octubre de 1816 se anunciaba en el Diario de Madrid la venta de una nueva colección de estampas de Goya dedicada, esta vez, al mundo de los toros: La Tauromaquia. Se compone de treinta y tres grabados que tratan sobre la historia de los toros en España, así como de diferentes anécdotas de algunos de los más afamados toreros. Es éste un tema muy utilizado en diversas estampas de la época y con él Goya se acerca de nuevo a los temas populares. Es quizá la colección de estampas donde mejor se puede apreciar la capacidad de Goya para recrearse en la habilidad, destreza y dominio de la técnica del grabado. Por último, la serie de Los Disparates o Proverbios aparece en 1864 publicada por la Real Academia. Los grabados están realizados al aguafuerte y aguatinta y son quizá los de más difícil interpretación. Al hacerse la primera publicación se le puso el nombre de Los Proverbios y esto hacía pensar que cada estampa representaba un dicho o refrán, pero lo cierto es que se reconocen como simples disparates sin un argumento común. Las estampas se recogen según si son Disparates femeninos, Disparates de miedo, del Ridículo, etc… Por último, la invención de la litografía y su introducción como técnica novedosa en España tiene lugar cuando Goya es ya un anciano. Pero una vez más demuestra el pintor su interés por la técnica, su capacidad de aprendizaje y dominio, y su comprensión sobre las posibilidades y potencialidad de este nuevo arte para expresar su voluntad creativa. Las primeras litografías de Goya prolongan la actividad que el pintor desarrollaba como dibujante y con ello dejó en sus estampas litográficas testimonio de su modernidad.

Vistas de la ciudad de Valencia

Se recogen en este apartado una selección de grabados realizados por artistas franceses de principios y mediados del siglo XIX durante sus viajes por España. Hay que citar aquí a uno de los principales viajeros de entonces, Alexandre de Laborde. Francés de origen español, fue político, hombre de letras y un viajero con curiosidad científica, animado por el espíritu enciclopédico del XIX. Entre 1798 y 1806 recorrió España con un equipo de veinte artistas para llevar a cabo un inventario global del país que daría como resultado la publicación de su Voyage pinttoresque et historique de l´espagne. La obra consta de cuatro volúmenes ilustrados con 349 grabados de gran calidad, entre los que destacan los de Jacques Moulinieu, y F. J. Dequevauviller, L. Legrand y Olympe como grabadores. De estos últimos se muestran a continuación varios aguafuertes facsímiles que se sonservan en la fundación. Se trata de vistas panorámicas de la ciudad de Valencia, desde diferentes caminos que la circundaban, así como de uno de sus más famosos paseos, la Alameda. Es asombroso el detallismo con que se realizaban ya que dan una gran información arquitectónica y urbanística de los edificios más singulares de la ciudad, a pesar de la lejanía en la que se sitúa al espectador. La obra de Laborde tuvo una gran influencia en la fijación de los tópicos de los viajeros románticos que, durante el siglo XIX, visitaron España. La percepción del paisaje es uno de los aspectos que mas quedó determinado por la nueva sensibilidad romántica. El paisaje comenzó a verse con otros ojos: dejó de percibirse sólo como un mero soporte de la actividad agraria para ser considerado también como algo dotado de valor y belleza por sí mismo. La nueva percepción de la naturaleza conmovía al artista y escritor romántico y así quedaba plasmado en las vistas de los paisajes.

Grabados originales de pequeño formato

Como hemos ido viendo, la colección es muy heterogénea en cuanto a grabados, láminas, estampas y demás obra gráfica. En este contexto hay que destacar alguna edición de ilustraciones como la que se realizó en 1978, en Barcelona, con motivo de la XXVIII Feria del libro, y que reproduce los famosísimos grabados de Mariano Fortuny. También la edición de mil ejemplares de la Valencia de Gustavo Doré, –Valencia, 1979– las diez estampas de A. J. Cavanilles que editó el Real Jardín Botánico de Valencia en 1983, o los seis grabados de Durero, editados por los Amigos del Grabado. Como dato curioso, hay que decir que se conservan también varias colecciones de postales antiguas de Valencia. La serie de doce postales en huecograbado en cinco álbunes, editada por J. A. P., o las quince vistas de Valencia y sus pueblos, de 1900, editadas por José Huguet. Ya por último destacamos por su valor como originales y su singularidad temática, lo que hemos llamado grabados de pequeño formato, ya que ninguno de ellos sobrepasa los quince centímetros, varios de ellos realizados con motivo de la celebración de las Bodas de Plata de la Reina Isabel II de Inglaterra.

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